Que hablen los profesionales

cabueñesSe celebra este fin de semana la XXXII edición de los Encuentros Internacionales de Juventud Cabueñes 2014 bajo un título genérico que podría parecer que aporta poco en su intención de abarcar un contenido extenso, pero que podría llegar a ser revelador si quienes protagonizan sus seminarios son capaces de trasladar a las mesas de debate algo de lo esencial que ocurre hoy en nuestro entorno. La cabecera de los encuentros  nos propone hablar del Pasado, presente y futuro de las políticas de juventud. Estrategias de trabajo coordinado. Y en sus diferentes seminarios aparecen nociones con las que nos peleamos cotidianamente no solo quienes trabajamos en el ámbito de la juventud sinó todos quines tenemos alguna relación, cercana o lejana, con la atención directa a las personas. Se habla de crisis, se habla de diversidad sexual, se habla de riesgos, se habla de economía colaborativa, se habla de Europa, se habla de comunicación, se habla de agenda política, se habla de e-participación, se haba de nuevos racismos y se habla también de buenas prácticas.

participacióMe refiero a los protagonistas de los seminarios y estoy pensando no en los ponentes y dinamizadores sinó en los participantes. Y cargo en sus espaldas la responsabilidad de convertir esta nueva edición de Cabueñes en un éxito justamente porqué creo que si algo caracteriza hoy nuestras carencias sociales es la imperiosa necesidad de dar un paso adelante y subvertir el orden prefijado de nuestros sistemas y organizaciones. Ya no podemos sentarnos ante un conferenciante y esperar que nos proponga fórmulas mágicas ni soluciones ideales, ya no cabe exigir al ponente que nos deslumbre y amenice con su ingenio, ya no cabe ser paciente en la espera para recibir algo que nos sorprenda. Necesitamos que la audiencia se convierta en la ponencia, que el discurso fluya en todas direcciones y que evite el aleccionamiento. Hoy es necesario que construyamos desde abajo y que nos resistamos a aceptar esquemas prefijadas. Necesitamos salir de nuestro ensimismamiento y eirigirnos en protagonistas de nuestro proyecto. No pretendo aportar con este texto ningún contenido concreto, sinó transmitir solo la idea de que cuando nos rodea la precariedad, cuando observamos la marcha atrás como norma en nuestro entorno y cuando la pérdida de logros que creíamos consolidados nos asombra, no hay otra salida que dar un paso adelante.

mansYo seré uno de los ponentes (no se si debo denominar así la figura que voy a representar) en el seminario que coordina el buen amigo y colega Gabriel Navarro: Políticas de juventud en épocas de crisis. Y mi misión es explicar algo que tiene justamente que ver con pasar de ser receptor de instrucciones y ejecutor de políticas a creador de propuestas y promotor de novedades. Tengo que hablar de buenas prácticas y sugerir maneras y sistemas para difundirlas, conocerlas, aplicarlas y, porqué no, copiarlas. Quien asista a la sesión donde intervendré podrá juzgar mis posturas, pero avanzo aquí que en esencia voy a contar algo muy simple: quienes entienden de políticas de juventud son quienes trabajan en ellas cada día. Quines saben como se desarrollan los proyectos son los que se equivocan cotidianamente con ellos, quines saben como mejorarlos son aquellos que diseñaron lo que falló, quienes pueden explicar los éxitos son los que los sufrieron, y los que pueden sacar conclusiones de los fracasos son los que después del fracaso tuvieron una, dos, tres o doce oportunidades más para mejorar. Y, al final, diré más o menos algo que vengo diciendo desde hace años (tengo pocas ideas inamovibles, pero con ellas pudeo llegar a ser muy insistente): que los profesionales de las políticas de juventud tienen que hablar más, tienen que decidir más, tienen que tener más oportunidades para experimentar, tienen que escribir más, tienen que contar más y mejor lo que hacen, tienen que compartir éxitos y fracasos. Eso son, al fin y al cabo, bueneas prácticas y no otra cosa.

Y mal andaría de coherencia personal si pretendiera proponer la difusión de proyectos de buenas prácticas y no demandara a los participantes del seminario en el que voy a intervenir que se erijan en los protagonistas de la discusión. No lo van a tener facil, por qué me gusta hablar y ser protagonista. Y justamente porqué lo hago y me gusta hacerlo puedo proponerles a ellos que se lancen también a ello.

Que Cabueñes sea de los participantes. Que sea, pués, real. Ese será su éxito.

¿Lo intentamos?

 

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