La resposta

“Por lo demás, aquella tarde la memoria de la guerra encerró a la gente en su casa, paralizó el país, lo silenció: nadie ofreció la menor resistencia al golpe y todo el mundo acogió el secuestro del Congreso y la toma de Valencia por los tanques con humorers que variaban desde el terror a la euforia pasando por la apatía, pero con idéntica pasividad. Ésa fue la respuesta popular al golpe: ninguna. Mucho me temo que, además de no ser una respuesta lucida, no fuera una respuesta decente: aunque en aquellos momentos la consigna propagada por la Zarzuela y el gobierno provisional era mantener la serenidad y actuar como si nada hubiese ocurrido, el hecho es que había ocurrido algo y que nadie o casi nadie les dijo desde el primer momento a los golpistas que la sociedad no aprobaba aquel desafuero. Nadie o casi nadie se lo dijo, lo que obliga a preguntarse si habían cometido un error Armada, Milans y Tejero al imaginar que el país estaba maduro para el glpe, y al suponer que, en el caso de que éste hubiese conseguido su objetivo, la mayoría lo hubiese aceptado con menos resignación que alvio. También obliga a preguntarse si los diputados que el 23 de febrero se escondieron bajo sus escaños no encarnaban mejor la voluntad popular que quienes no se escondieron. En fin: quizá sea una exageración decir que en el invierno de 1981 Santiago Carrillo y Adolfo Suárez no representaban a nadie, pero a juzgar por lo ocurrido en la tarde del 23 de febrero no se diría que representaran a mucha gente.”

(…) “Es probable que aquellos generales (els capitans generals de les regions militars espanyoles) tuvieran un alto concepto de sí  mismos, pero, a juzgar por lo ocurrido el 23 de febrero, salvo excepciones sólo demostraron ser un puñado de militares cobardes y sin honor, podridos de molicie y de bravuconería: si hubieran sido militares de honor no hubiesen dudado un segundo en ponerse a las órdenes del Rey protegiendo la legalidad que habían jurado defender; si no hubieran sido militares de honor pero hubieran sido valientes hubiesen hecho lo que les exigían sus ideales y sus tripas y hubiesen sacado los tanques a la calle. Salvo excepciones, no hicieron ni una cosa ni la otra; salvo excepciones, su comportamiento fluctuó entre lo bochornoso y lo esperpéntico.”

Cercas, Javier. Anatomía de un instante. Mondadori 2009

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